Una gran multitud se concentró en la Iglesia Catedral para celebrar la solemnidad de Corpus Christi. El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino presidió la eucaristía, que concelebraron los sacerdotes de Mar del Plata.

Como todos los años, estuvieron presentes los abanderados de los colegios católicos y autoridades civiles y de las fuerzas vivas de la ciudad. Luego de la misa fue la procesión por el centro con el Santísimo Sacramento. “Si no somos misioneros no podemos llevar el nombre de cristianos”, dijo Marino.

El templo estuvo colmado de fieles venidos desde todos los rincones de la ciudad. La nota de color la aportaron las decenas de monaguillos, de corta edad hasta jóvenes, que revestidos de blanco se ubicaron delante del altar y caminaron en la procesión junto al Santísimo Sacramento.

También lo custodiaron – y podía identificárselos con buzos de color amarillo – los pequeños “Niños adoradores” de la Catedral, un grupo que se reúne semanalmente para adorar a Jesús a través de la oración pero también con canciones y actividades.

Después de la oración post comunión, se colocó al Santísimo Sacramento en la custodia, y se lo trasladó, llevado en andas por sacerdotes jóvenes.

El trayecto, se repite también año a año: desde la Catedral, por Mitre hasta Rivadavia, de allí hasta Catamarca y retoma por San Martín hasta la puerta del templo. Desde las escalinatas, el obispo hizo la bendición que se hace extensiva a toda la ciudad.

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