Más de treinta mil personas –marplatenses y turistas- disfrutaron de los festejos del carnaval organizados por el Ente Municipal de Turismo de Mar del Plata, y que contó con la participación de 25 agrupaciones entre los que destacaron murgas y comparsas. Además, hubo distintos shows musicales, en la apertura y en el cierre de la jornada.

Las ong Carnavales Marplatenses (CAR.MA) y Movimiento Originado por Murgas Organizadas (M.O.M.O.) pusieron el color con sus escuadras, entre las que brillaron desde niñitos de muy corta edad hasta adultos mayores, pasando por especializadas bailarinas y otros que le pusieron mucha pasión a su desempeño.

Como en años anteriores, los carnavales de la ciudad se desarrollaron en el escenario natural de la plaza Rocha. El escenario estuvo ubicado sobre la intersección de la calle 14 de julio y la avenida Luro, y las murgas y comparsas danzaron y saltaron por la avenida, desde Guido Dorrego hasta XX de septiembre.

El presidente de Turismo Mar del Plata, Emiliano Giri, resaltó “la buena predisposición de las agrupaciones CAR.MA. y M.O.M.O. como así también el buen desempeño de las murgas y las comparsas que participaron del festejo”.

En este sentido, Giri resaltó que “tanto los carnavales como el corso son hechos de la cultura popular que se transmiten de generación en generación, y que a Mar del Plata, como ciudad de fuerte impronta turística, le significan un aliado importante a la hora de promover nuevas ofertas para que nos visiten miles de turistas”.

El público, que acompañó en gran medida este festejo popular, se ubicó al costado de Luro, detrás de las vallas, desde un sector cercano a Guido –frente al club Quilmes- y se extendió hasta casi Jujuy, debido a la gran cantidad de personas que se sumaron a lo largo de toda la jornada. Pero, sin dudas, lo más importante de la convocatoria estuvo frente al escenario y dentro de las cuatro manzanas que ocupa la Plaza Rocha, donde la gente pudo disfrutar de la música y la alegría del carnaval de la ciudad.

Todos quienes estuvieron en el lugar pudieron seguir de cerca lo que ocurría en la pista, ya sea desde su punto de observación o a través de las pantallas que fueron transmitiendo, por circuito cerrado, las alternativas para que el público no se perdiera ni el más mínimo detalle de lo sucedido.

La espuma, las matracas y los silbatos, fueron elementos decorativos que cada niño aportó al festejo. Y algún grande también, tal vez rememorando aquellos viejos tiempos de cuando el disfraz y el juego con agua eran parte del inconsciente colectivo que se expandía por toda la ciudad.

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