El reciente caso del fallecimiento de un alumno de 2 años en un jardín de infantes de Mar del Plata volvió a poner en escena el tema de la muerte súbita.

Se trata de una muerte natural que ocurre instantáneamente o dentro de la primera hora desde el comienzo de los síntomas, en un paciente con enfermedad previa conocida o sin ella, pero en el que el momento y la forma de la muerte son totalmente inesperados.

Se desconoce todavía la incidencia absoluta. Hay dos períodos de la vida en los que se centra la mayor incidencia de muerte súbita: entre el nacimiento y los 6 meses de edad y 2º, entre los 35-70 años. En ambos grupos existe un notable predominio de los varones.

Los especialistas aseguran que se debe tomar conciencia para llevar adelante una prevención integral que incluya hábitos de vida saludable, consulta médica regular, chequeo previo a la práctica de un deporte y, por otro lado, un entrenamiento en técnicas de reanimación cardiopulmonar.

Cabe señalar que, de acuerdo a las estadísticas, el 10% del total de las muertes son súbitas.

Poblaciones de riesgo

Las personas con mayor riesgo de muerte súbita se encuentran en los dos polos de la vida: en un lado los lactantes hasta el 6° mes por la denominada “muerte blanca” y, en el otro, los adultos, por enfermedades cardiovasculares, principalmente arterioesclerótica, asociadas a la edad, cargas genéticas y/o un estilo de vida “desordenado” (mala alimentación, poco ejercicio, tabaco, etc.).

En los niños y jóvenes la prevalencia de muerte súbita es baja y se debe en su mayoría a alteraciones cardiovasculares congénitas estructurales y eléctricas, incluso en deportistas.

¿Qué se puede hacer a modo de prevención?

Como primera medida llevar una vida saludable: no fumar, controlar el tipo de alimentación, el peso y hacer ejercicio físico.

También resulta fundamental hacer un chequeo cardiológico antes de iniciar la práctica de una actividad física y repetirlo en el plazo que su médico lo indique. De este modo se pueden detectar y prevenir alteraciones que pueden desencadenar un episodio de muerte súbita.

La importancia de las maniobras de RCP

La responsabilidad frente a la muerte súbita no se limita solo a prevenirla. Cuando el paro cardíaco se desencadena, el entrenamiento apropiado en maniobras de resucitación puede salvar una vida.

Cabe señalar que, la muerte súbita tiene tres fases:

-Pródromos (síntomas iniciales)
-Paro cardíaco
-Muerte biológica

Cuando este cuadro acontece, el 80% de las víctimas se encuentra acompañada de familiares, amigos o compañeros de trabajo.

Cuando ocurre un paro cardíaco hay una demora de 5 a 10 minutos hasta que sobreviene la muerte definitiva (por cada minuto se pierde un 10% la posibilidad de sobrevivir).

Si una persona interviene realizando maniobras de resucitación cardiopulmonar básica (RCP) el paciente tiene chances de sobrevivir. Estas maniobras consisten en masaje cardíaco y ventilación (respiración boca a boca).

Con la RCP se puede mantener un flujo sanguíneo mínimo en el paciente que permite mantenerlo con vida hasta que llegue el auxilio médico. Durante ese tiempo los tejidos no tienen su función plena pero se mantienen vitales hasta la resolución específica del paro cardíaco.

La estadística demuestra que sólo el 10% de los pacientes que atraviesan por esta situación sobreviven, en gran parte por el desconocimiento cómo hacer las maniobras de RCP.

Es por ello fundamental resaltar la importancia de aprender las maniobras de resucitación útiles para salvar vidas.

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