Se llevó a cabo en el recinto del Honorable Concejo Deliberante la sesión especial por el 41º Aniversario del Golpe de Estado, con presencia de ediles de todos los bloques, funcionarios municipales y representantes de distintos organismos de Derechos Humanos.

La ausencia más notoria fue la del intendente Carlos Arroyo que no participará de ninguna actividad oficial a raíz que se tomó un descanso que se prolongará durante todo el fin de semana largo.

Durante el prólogo de la Sesión Pública Especial con motivo del 41º aniversario del Golpe de Estado de 1976, el Honorable Concejo Deliberante aprobó el expediente 1336/17, aceptando la donación efectuada por el señor José Luis Casales consistente en un monumento compuesto por tres pilares de madera que contienen las siguientes leyendas: “Memoria”, “Verdad” y “Justicia”, adornados por flores metálicas de la especie “No me olvides”.

Este monumento fue emplazado en el hall de acceso público al recinto de Sesiones del Honorable Concejo Deliberante.

El Cuerpo Deliberativo, en esta ocasión se manifestó a través de la emisión de documentos varios.

Estuvieron presentes el secretario de Gobierno, Alejando Vicente, en representación del intendente; otros integrantes del Departamento Ejecutivo; los concejales, Mario Rodríguez, Gonzalo Quevedo, Eduardo Abud y Cristina Coria (UCR); Juan Aicega y Patricia Serventich (AA-PRO); Balut Olivar Tarifa Arenas (monobloque); Daniel Rodríguez y Marina Santoro (FpV); Cristian Azcona (FR), Lucas Fiorini y Alejandro Carrancio (CREAR); Claudia Rodríguez, Marcelo Fernández y Alejandro Ferro (AM).

También asistieron referentes de organismos de Derechos Humanos, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y Madres Línea Fundadora, además de invitados especiales, representantes del Cuerpo Consular, ex veteranos de Malvinas, de la Universidad, de las colectividades, de órganos profesionales, de sindicatos, de instituciones religiosas, de la Comisión Municipal de la Memoria y del Poder Judicial.

El artista Alejandro Placé interpretó un par de temas casi en el epílogo de un acto emotivo, que apeló a la memoria y cuyos discursos procuraron situar el contexto específico en el cual germinaron las condiciones sociales, políticas y económicas de la gran noche trágica de siete años vividos por la República Argentina entre 1976 y 1983.

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