Gastón Buono y Juan Cruz Mennilli Caldararo, son los dos nuevos diáconos que tiene la Iglesia Católica de Mar del Plata, ordenados de manos de monseñor Antonio Marino, obispo diocesano. Con la presencia de cientos de fieles -se destacó una gran cantidad jóvenes-, y el clero diocesano y religioso; se realizó la celebración en la Iglesia Catedral.

“Aunque el camino de ustedes habrá de continuar hasta recibir el nuevo y maravilloso don del sacerdocio, el día de hoy les trae una novedad irreversible, que los compromete para siempre en el servicio y hace de ustedes ante la comunidad una representación objetiva de Cristo diácono, en el ministerio de la Palabra divina, en el ministerio de la liturgia y en el ministerio de la caridad”, resaltó el obispo.

Luego haciendo alusión de la imagen de la parábola del buen Samaritano pintada por Van Gogh utilizada por los nuevos diáconos para la promoción y difusión de la celebración, el pastor de la Iglesia Católica de Mar del Plata, exhortó a todos a la caridad y la misión. “Aprovecho esta ocasión para exhortar a todos los presentes a comprometerse en la misión, especialmente orientada hacia aquellos que están más necesitados de experimentar misericordia”.

Y remarcó, “para todos hay tarea. Algunos se sentirán llamados a brindar su presencia y su acción concreta y organizada. Otros contribuirán con su oración y con las diversas formas de colaboración”.

“Las periferias de esta magnífica y tremenda ciudad de Mar del Plata, a pocos minutos de este lugar, están llenas de hermanos que viven en condiciones difíciles y pasan por situaciones de riesgo. Son hombres y mujeres de bien, niños y ancianos; gente de corazón bien dispuesto a recibir el anuncio de la fe. En su mayoría son de origen católico, y se sienten —quizá sin decirlo— olvidados de nosotros como institución. Buscan a Dios y sienten la tentación de otras propuestas que puedan llenar su soledad y satisfacer la necesidad de una palabra que abra a la esperanza”, indicó.

Luego de la homilía comenzó el rito propio de la ordenación diaconal, Gastón y Juan Cruz, hicieron las promesas de entrega al pueblo de Dios, manifestando “la voluntad de cumplir su ministerio, según el deseo de Cristo y de la Iglesia bajo la autoridad del obispo”.

Luego los dos se postraron en el piso, como señal de pequeñez y humildad ante Dios, donde se invocó a los santos. Y luego en el momento más importante de la ordenación, el obispo impuso sus manos y en silencio rezó la oración de consagración.

Los nuevos diáconos eligieron a dos sacerdotes para que les impusieran la estola y la dalmática – ornamentos propios de los diáconos-, recibieron de manos del obispo el Evangelio, y un abrazo de paz.
También los diáconos permanentes saludaron a los nuevos diáconos. Luego continuó la eucaristía con ellos ayudando en el altar, y al finalizar todos los fieles se acercaron a saludarlos.

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